El nombre del blog lo tomo de una traducción desordenada de una canción de la mejor banda de todos los tiempos, Radiohead: Where I End And You Begin. Donde yo termino de escribir y tú comienzas a opinar qué te parece lo que estás leyendo. Os toca.

sábado, 5 de junio de 2010

Microrrelato (II): Viaje

Un joven bohemio partió del lecho materno, allá por la edad en que la pubertad se escabulle avergonzada entre los matorrales del espeso bosque de entrañas que es nuestro cuerpo. Se marchó sin mirar atrás, pues su decisión era firme y meditada, y con más ilusón que capital partió hacia lo que sería su gran viaje. Recorrió paisajes que las grandes urbes solo pueden vislumbrar tenuemente en los documentales. Vio la pobreza, la alegría, la amistad, el desencuentro, el amor, el desamor, la lujuria, y al fin y al cabo vio todas las fases de la vida por las que pasa la mayoría de las personas a lo largo de su existencia, excepto los más adinerados que distan de experimentar ninguna. Exhausto, tras un largo viaje, sintió un ruido que taladraba su cabeza. ¡Hijo, a desayunar! Por suerte o por desgracia, todo lo que somos ocurre dentro de nosotros.

jueves, 3 de junio de 2010

Microrrelato: Brooklyn

No estoy siendo pesimista, sencillamente la vida se convierte en un bucle del que es imposible escapar. Ya solo me queda la rabia, la frustración, la ira de ver como el cielo no existe, el infierno es esta existencia y el destino es el demonio que la gobierna. Un destino que no ha sabido reinar, que me ha sometido como una sucesión de genoma con el que experimentar en laboratorios con gaseosa. No tacho los días del calendario, ellos me tachan a mí y me consumen a una velocidad proporcional a la que desaparece la mentanfetamina de mi tercer cajón. Nunca pedí ver a pesar de quedarme ciego, pues los prejuicios de las personas siempre son la venda que tapa mis ojos. Esta es la voz lánguida de un humano que se ahoga, una voz más que se perderá entre una multitud insana bajo las aguas del puente de Brooklyn.

martes, 1 de junio de 2010

Ojos que no ven

Hace un tiempo me enteré de que los niños pequeños se tapan los ojos cuando pasan vergüenza porque creen que, así, las personas de su alrededor tampoco les ven a ellos. La vida se colorea en negro para todos, la materia se desintegra y la vergüenza con ella. Sinceramente, me parece una opción brillante. Si de verdad lo que entendemos como vida resulta que se desarrolla dentro de nuestros envoltorios, en la materia gris tan estudiada como desconocida, debería ser una medida solvente y suficiente escondernos de nosotros mismos. ¿Los demás? A quién le importa.

We don't need no education, que decían unos tales Pink Floyd. Crecemos y no se hace esperar, empieza a ser patente la necesidad de esconderse, de no ser vistos, de intimidad real. No vale más refugiarse en uno mismo, hay que seleccionar y bien la información que queremos o podemos dar, de lo que somos y lo que hacemos, al resto. Se comienza escondiendo la camiseta tras habérnosla manchado de tomate, pero cada vez la necesidad es más acuciante y las intenciones menos honestas. Al más puro estilo Dexter, la transparencia mete los pies en barro y se empieza a seleccionarla información con la meticulosidad y el oficio de un metrónomo.

El resultado de esta evolución es el ser adulto: una continua batalla entre lo que decidimos mostrar y lo que realmente somos. Aunque decidamos vivir como lo que somos, nos es prácticamente imposible olvidarnos de que necesitamos ser nosotros mismos tanto como tener un mínimo de control sobre las situaciones que nos rodean. Una tarea cansada y poco agradecida, una tarea completamente antitética al instinto. Una tarea, por tanto, específicamente humana.

viernes, 21 de mayo de 2010

Iguales

Comunistas, democráticos de izquierda, progresistas, centro, derecha, conservadores... en ocasiones el proceso de debate ideológico se convierte en un pasatiempo que consiste en ver quién se ha estudiado más el tema y quién puede convencer a más gente de que tiene razón. Tengo la sensación de que se toma el propio medio como un fin, que no se busca el objetivo de la política sino la política en sí. Quizá es por eso que me aburre profundamente casi cualquier debate sobre política. Será que soy un pesimista, pero la mayoría de veces lo único que veo son personas con traje intentando mantenerse en su posición.

Yo, con lo poco que sé de política, por no decir nada, no veo demasiadas soluciones. Ya no creo que sea cuestión de mantenerse en una posición cerrada y aplastante contra el capitalismo, pienso que se debe comenzar por los valores. Podemos apartar la vista y pensar que es una perogrullada y no tiene nada que ver, pero pienso que no se puede hacer nada en una sociedad como la actual, basada en el egoísmo, la competencia a toda costa, la incomprensión, el borreguismo...y no estoy metiendo a todos en el mismo saco, solo digo que considero que, en conjunto, esos son los valores que, por mi experiencia particular, he podido ver que predominan.

Y, me permito dudar el hecho de que, repito, aun sabiendo lo poco que sé sobre temas de gestión de estado, se pueda construir un proyecto que pueda contentar a la mayor parte de la población. Y si no podemos contentarnos a nosotros mismos, no hablemos de la periferia, donde no es necesario recordar el número de personas que muere cada día en la más absoluta miseria, mientras la corrupción y el amiguismo se expande como la pólvora entre quienes supuestamente deberían solucionar nuestros problemas y los de ellos.

Quizá sea cierto que estamos mejor que un siglo atrás, es posible que la gestión sea más equitativa y la economía más eficaz. De eso que se encarguen los expertos. Pero la pregunta que yo me hago es: El ser humano, las personas, las unidades, ¿hemos cambiado o seguimos siendo iguales?

martes, 11 de mayo de 2010

Quien abusa no es traidor

Si miras el día desde un enfoque holístico, global, intentando comprenderlo todo, es más fácil que el día se te ponga cuesta arriba. Si intentas abarcar un día entero con expectativas, la probabilidad de que algo salga mal es más es elevada. Hay demasiadas cosas que se pueden torcer.

En cambio, si lo enfocas de una manera más reduccionista, tomando la parte por el todo, como tu parte y centrándote en ella, es más probable acabar el día sin ningún cesto de desilusiones cargado a la espalda. Aunque sea con algo absurdo para los demás. Yo he apostado esta vez por la música y, oye, esta vez no me ha ido mal.

Por cierto, el título no tiene absolutamente nada que ver con el resto del texto, y el hecho de que aparezca es un mero capricho de mi malogrado y maltrecho y desfasado y desneuronado cerebro.

sábado, 3 de abril de 2010

Pereza

Algún iluminado dijo que cualquier tiempo pasado siempre nos parece mejor. No debe de pensar eso la gente de hoy en día, pues cada vez eso de vivir el presente se ha convertido en una premisa para pasar de todo y de todos. Esto tiene una traducción muy rápida: te puedes fiar de muy poca gente, van a su bola, renuncian de su pasado y se toman demasiado a pecho aquello de que no hemos venido para sufrir. Pienso que sin algo de sufrimiento, justamente entendido, es imposible tener alegrías, aunque es algo difícil de explicar sin que se me tome por un sadomasoquista y por eso de que todo es muy subjetivo. También es justo reconocer que estoy generalizando demasiado con "la gente", porque de todo hay en esta viña. En fin, esta nueva historia para no dormir viene a cuento de que me he enterado de una cosa: es posible que en mi subconsciente les tenga envidia.

Por cierto, para los cuatro gatos que no tienen nada mejor que hacer que leerme: muchas gracias. Y perdonad que las últimas entradas sean tan cortas, no es para hacerme el interesante ni para probar nuevos estilos, simplemente es lo que me sale. También es por pereza.

jueves, 1 de abril de 2010

Buenos días

Me miró y sonrió. Ella me dijo buenos días, me dijo cuánto tiempo y me preguntó por la universidad. Su sonrisa me dijo que esos eran sus principios, que si no me gustaban, tenía otros.

Me acuesto otro día más pensando que hoy tampoco he conocido a nadie.